En las enseñanzas oficiales de música en España hay un dato que debería hacernos pensar: las mujeres son mayoría entre el alumnado que empieza en los conservatorios, pero dejan de serlo conforme avanzamos por el sistema.
La foto cambia poco a poco. Primero en los estudios. Después en la docencia. Y finalmente, en el nivel más alto del escalafón académico.
Hoy queremos recorrer ese camino completo.
Un recorrido que comienza el primer día que una niña o un niño entra en un conservatorio para cursar enseñanzas elementales y que termina en la cima de la carrera docente: el Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas.
Seguramente habrás oído hablar alguna vez del llamado efecto tijera. Es una expresión muy gráfica para describir lo que ocurre cuando un sistema arranca con mayoría femenina en la base, pero esa presencia se reduce a medida que se asciende.
Y eso es, precisamente, lo que muestran los datos en las enseñanzas musicales en España.
No existe ninguna norma que impida a las mujeres llegar a los niveles más altos. El problema es más complejo y más silencioso: la igualdad en la entrada no se traduce en igualdad en el recorrido ni en la llegada.
Cada 8 de marzo es una buena ocasión para mirar también qué ocurre dentro de nuestras enseñanzas musicales. Y, cuando se observan los datos con perspectiva, aparece un patrón difícil de ignorar.
Para comprobarlo, presentaremos los últimos datos oficiales disponibles que facilita el Ministerio de Educación para entender exactamente dónde perdemos todo este talento.
De la base estudiantil al profesorado
Para entender el problema de fondo, no basta con mirar únicamente al profesorado; hay que observar el ciclo educativo al completo: quién entra, quién continúa y cómo queda finalmente configurada la estructura docente.
Cuando encadenamos los datos del alumnado por sexo en enseñanzas elementales, profesionales y superiores con los del profesorado, el efecto tijera aparece con claridad.
En sociología, este fenómeno también se describe como una “tubería que gotea” (leaky pipeline): el sistema arranca con muchas mujeres en la base, pero las va perdiendo progresivamente a medida que se asciende.
Conviene hacer una precisión importante. Estos datos no siguen a una misma generación de alumnas hasta su llegada a la docencia. Lo que muestran es una fotografía comparada de distintas capas del sistema. Pero, incluso con ese límite, el patrón general es claro: la mayoría femenina de la base no se mantiene en los niveles más altos.
1. ¿Dónde empieza a romperse el equilibrio?
En las enseñanzas elementales de música, las alumnas representan aproximadamente el 54,56% del alumnado. Es decir, el acceso inicial a la formación musical tiene un rostro mayoritariamente femenino.
En las enseñanzas profesionales, esa mayoría se mantiene casi intacta.
Sin embargo, el punto de inflexión llega al pasar a las enseñanzas superiores, equivalentes a todos los efectos al nivel de grado de las enseñanzas universitarias.
Ahí la presencia femenina cae hasta el 43,11%
Son casi diez puntos menos justo en el paso hacia la profesionalización.
Ese es el primer gran quiebro del sistema.
Y aquí aparece la pregunta decisiva: ¿estamos ante una foto puntual o ante un patrón que se repite en el tiempo?
Los gráficos históricos muestran que no estamos ante una anomalía aislada. El patrón se repite curso tras curso: mayoría femenina en enseñanzas elementales y profesionales, e inversión de la tendencia en las superiores.
Dicho de forma simple: el sistema empieza con más mujeres que hombres, pero no consigue mantener esa proporción cuando llega el momento de la profesionalización.
Pequeño inciso importante: los datos del alumnado de máster no deben utilizarse como referencia específica para música, porque el Ministerio de Educación no los ofrece desagregados por rama artística. En ese bloque se mezclan enseñanzas de música, diseño, danza, arte dramático y otras disciplinas. Por tanto, no permiten extraer una conclusión fiable sobre enseñanzas musicales en sentido estricto.
2. El techo de cristal en la docencia
Podría pensarse que el problema termina en el acceso a las enseñanzas superiores. Pero no termina ahí.
Años después, una parte de ese alumnado pasa a integrarse en el profesorado del sistema público. Y también en ese punto reaparece la misma lógica.
En las enseñanzas artísticas musicales existen actualmente dos grandes cuerpos docentes:
- Cuerpo de Profesores de Música y Artes Escénicas (594)
- Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas (593)
Aunque estos cuerpos incluyen también profesorado de danza y arte dramático, en este artículo nos referimos exclusivamente a los datos del ámbito musical.
Si la progresión fuera proporcional, cabría esperar que la presencia femenina en el cuerpo de catedráticos se pareciera, al menos, a la del cuerpo de profesores. Pero no ocurre así.
Estos son los datos:
- Cuerpo de profesores (594): 44,04% de mujeres.
- Cuerpo de Catedráticos (593): 37,67% de mujeres.
Es decir, la pérdida de presencia femenina no solo se produce antes, en el paso de los estudios al ejercicio profesional. También vuelve a producirse dentro del propio sistema docente cuando se asciende al cuerpo más alto.
No solo hay una caída en el acceso a las enseñanzas superiores. Los datos muestran otra pérdida de presencia femenina en el acceso al cuerpo de catedráticos.
3. No estamos ante una anécdota
La siguiente pregunta es inevitable: ¿esta situación está cambiando con el paso de los años?
Si observamos la evolución del porcentaje de mujeres en el cuerpo de catedráticos durante la última década, el avance existe, pero es lento:
- Curso 2011/2012: 33,68%
- Curso 2015/2016: 32,35%
- Curso 2019/2020: 33,45%
- Curso 2023/2024: 37,67%
Es verdad que en los últimos años se aprecia una mejora. Y es razonable pensar que los procesos selectivos más recientes han podido empujar ligeramente esa cifra al alza.
Pero conviene no confundirse: incluso con esa mejora, el cuerpo docente más alto sigue muy lejos de reflejar la composición del alumnado que entra en los conservatorios.
Si todo el recorrido pudiera resumirse en una sola frase, sería esta:
el sistema empieza con mayoría femenina y termina consolidando una minoría en el cuerpo de catedráticos.
Y eso no parece una casualidad.
4. El problema también es estadístico
Comprender dónde se produce esta pérdida de presencia femenina es el primer paso para poder analizar sus causas. Pero, para hacerlo de verdad, no basta con una foto fija por curso. Hace falta una estadística pública mucho más útil y mucho más precisa.
Hoy sabemos que existe un patrón. Lo que todavía no sabemos con suficiente detalle es cómo se produce exactamente, en qué territorios se intensifica más, en qué puntos del recorrido se acelera y qué factores lo alimentan.
Para responder a esas preguntas haría falta, como mínimo, contar con:
- Datos de acceso, permanencia, abandono y titulación del alumnado, desagregados por sexo, territorio y nivel.
- Datos de acceso, promoción y jubilación del profesorado, también desagregados por sexo y territorios.
- Datos separados por disciplinas artísticas, porque no tiene sentido mezclar realidades que funcionan de manera distinta.
- Datos específicos del alumnado de máster en enseñanzas artísticas, diferenciados por rama, para poder analizar con rigor qué ocurre en música.
Sin ese nivel de detalle, el debate sobre igualdad corre el riesgo de quedarse en declaraciones generales, impresiones o titulares vacíos.
Y aquí hacen falta menos consignas y más datos.
La pregunta de fondo
La igualdad no puede medirse solo en la puerta de entrada.
No basta con comprobar que muchas niñas empiezan estudios musicales. La cuestión importante es otra: cuántas llegan, en qué condiciones y cuántas consiguen ocupar después los niveles donde se concentran la estabilidad, el reconocimiento y el poder académico.
Porque cuando un sistema educativo empieza con mayoría femenina en la base y termina con una representación mucho menor en su cúspide, no estamos ante una simple curiosidad estadística. Estamos ante una señal de que algo se rompe por el camino.
La cuestión de fondo no es si las mujeres pueden entrar en el sistema. Los datos muestran que entran, y en gran número. La cuestión es por qué esa mayoría inicial no se traduce en una presencia equivalente en los niveles más altos.
Mientras no afrontemos esa pregunta con mejores datos y con una voluntad real de analizarlos, seguiremos confundiendo acceso con igualdad.
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